La verdad de los 30

-No necesitas más?. Me preguntaba mientras devolvía, al bolsillo del pantalón, su billetera, marcada por los tiempos, y también, por las carencias.

-Espero que no.
Respondí casi como en un susurro. Y me apresuré a cruzar la avenida y llegar al agromercado, sin mirar atrás.

No deseaba que me mirase a los ojos y encontrar en su compasión, una extensa explicación a mi negativa. Tendría ahora que, de a poco y a solas, mientras recorro tarimas ruidosas de pregones y “reguetton” discernir sobre la estrategia de no gastar, al menos en ese día, los 30 CUC de su salario.

Y ahí yacen, cual héroes (o enemigos), los ejércitos de hortalizas, frutas armadas hasta los dientes por la coraza de un precio atómico-nuclear. Orquestados en una dictadura sórdida y displicente del vendedor que, en el mejor de los casos, el hecho de realizar descuentos seria una traición al poder Supremo (imagino sea este el agricultor, pero son solo suposiciones mías).

Y comienzan las cuentas, las sumas de “bodeguero”, en un papelito mental, en conjunto con el apoyo de los dedos y la pregunta ” a cómo es…?, y mi artillería salarial, mermando.

“El salario medio estatal en Cuba aumentó ligeramente de 740 pesos cubanos (CUP) en 2016 (equivalente a 29,6 dólares) a 767 CUP (30,68 dólares) en 2017, según datos de la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI) “

La primera oleada de batalla contra ensaladas de estación, que no por ello, variedad enorme (a lo sumo 3 como máximo), provoco en mí una tristeza enorme la cual sobrecogia mi alma, al ver morir, indistintamente mis mayores generales (billetes de 5 CUC) y soldados (monedas de varias nominaciones).

El dictador, ni siquiera pestañeaba.

Había podido ganar una disminución de las huestes enemigas en pepinos. Cuatro, para ser exactos.
A un costo de casi 3 días de salario. A ese ritmo, definitivamente no podré aniquilar la zona de bombardeos sangrientos, donde los “cabeza de puercos”, “pernileros sin moral”, “a-Costillados mercenarios” me esperaban en emboscada.
Así pensaba mientras me dirigía de regreso a mi aliado, al otro lado de la avenida.

Un día menos del mes. Uno más de guerra.

Y es como si la guerra durara 30 días, o como si mis deseos combativos emergieran cada día, en el local más bélico de todos conocidos:

la cocina del cubano.

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